Nicolás era un niño de San Pedro Alcántara (Málaga) con la rutina de cualquier otro pequeño: el colegio, los amigos, los juegos, los enfados con su hermano y las reconciliaciones en cuestión de segundos. Hasta que el 21 de octubre de 2024 todo cambió.
Tras varias pruebas médicas, llegó el diagnóstico que ningún padre quiere escuchar: meduloblastoma, un tumor cerebral muy agresivo. La operación fue urgente y el equipo médico hizo todo lo posible. Nicolás pasó más de 50 días en la UCI, atravesó tratamientos muy intensos, y hubo momentos en que los médicos no sabían si lograría salir adelante.
Contra todo pronóstico, poco a poco empezó a reaccionar. Abrió los ojos. Se comunicó de pequeñas maneras. Y el tumor entró en remisión completa.
Pero en mayo de 2025, cuando parecía que lo peor había pasado, la radioterapia provocó una grave necrosis en el tronco encefálico. Su estado empeoró drásticamente.
"Mi hijo entró andando al hospital y salió sin movilidad. Ahora mismo del cuello para abajo prácticamente no tiene movimiento voluntario."
— Damián, padre de Nicolás
Hoy Nicolás no puede hablar, no tiene control postural y depende de sus padres Damián y Julieta para absolutamente todo. Lo peor, como dice su padre, es que él es un niño totalmente consciente de todo lo que le rodea. Un ser de luz atrapado en un cuerpo que no le responde.
Su hermano pequeño Tiago, con una madurez y un amor que parte el alma, lo primero que hace cada mañana al levantarse es decirle: "Te quiero. ¿En qué te ayudo, hermano?"